MIS RECUERDOS SOBRE KIRCHNER
Por: Marco Cueva Benavides (*)
Viví en la década del 70 en una ciudad como La Plata, que en esa época estaba llena de universitarios de todos los países de América Latina y de todas las provincias de la Argentina. Uno de esos estudiantes era Néstor Kirchner, a quien jamás imaginamos que podría después llegar a ser Presidente de Argentina y uno de los líderes más importantes de América.
Al llegar a La Plata, uno de los primeros lugares donde empecé a vivir era en una pensión de estudiantes de la calle 50 entre 7 y 8, en pleno centro de la ciudad. La ciudad fue trazada sobre un plano como un damero, sus calles están trazadas ordenadamente, cada 6 cuadras hay una avenida y una plaza, y la atraviesan varias diagonales que facilitan un tránsito rápido dentro del cuadrado de la ciudad. Todas sus calles son identificadas por números, y están llena de arboles.
Quienes mejor conocían a Néstor, eran los peruanos que vivían con él en la pensión de la Calle 1 entre 41 y 42. Uno de ellos, Donato Garay, quien ahora trabaja en EsSalud, nos recuerda detalles de los que vivían con él, “éramos 5 peruanos y 5 argentinos; cada uno de los peruanos teníamos nuestro cuarto, había 2 chimbotanos, el flaco Flores, un tal Roy, que estudiaban ingeniería y también Orestes Torres y Lito Castillo (médico huanuqueño, residente ahora en Huacho). Los argentinos vivían 3 en un cuarto y 2 en otro cuarto, entre estos Kirchner”. El era como muchos argentinos pelucón, pero además alto, flaco, medio desgarbado, le gustaba jugar damas, ajedrez y uno de sus vicios era el futbol. Había campeonatos entre los diversos equipos peruanos, pero también de las provincias de Argentina entre ellos, los santacruceños.
Lo que nos cuenta el Dr. Garay, modifica una anécdota que se relata en la biografía publicada por Daniel Osvaldo Gatti en su libro “Kirchner el amo del feudo”, que se puede leer por internet. Las cosas no fueron así, dice Donato, lo que pasó fue lo siguiente, “Los sábados íbamos a jugar futbol en la cancha del Colegio Nacional, que quedaba sobre la calle 1 y 50, frente al comedor universitario. Se formaban equipos entre estudiantes de varias nacionalidades y provincias. Siempre en el futbol se armaban algunas peleas, hubo un encontronazo con un peruano, Kirchner (cuya chapa era Lupín) se había ofuscado y andaba diciendo algunas palabras fuertes que no nos gustaron. Uno de nuestros compatriotas, moreno, bajito, creo que estudiaba periodismo, le hizo una llave y le dobló el brazo sobre la espalda al flaco alto y mancluenque que era Kirchner, en ese entonces, éste se molestó terriblemente y le gritó “suéltame negro hijo de p…”, el peruano lo soltó y allí terminó todo, no hubo más broncas”.
Kirchner llegaba siempre a uno de los lugares más emblemáticos donde íbamos también muchos estudiantes, varios de ellos peruanos. Era el Bar Restaurant Billar Rivadavia que quedaba cerca de mi pensión, en la esquina de 8 y 50. Tenía un televisor grande y cada vez que había partidos internacionales de futbol o peleas de box, concurríamos en grupos grandes a mirar estos eventos, ya que los estudiantes carecíamos de TV en nuestras viejas pensiones. Un día estuvimos viendo una pelea de box importante, era diciembre de 1970, Ringo Bonavena enfrentaba al gran Muhammad Alí en el Madison Square Garden de Buenos Aires. La caída de Bonavena, en el round 15 la celebramos los peruanos que estábamos en el bar, porque muchas veces siempre hacíamos barra por equipos contrarios a los argentinos, ya que éstos eran a veces muy sobrados y se creían los mejores del mundo. A los gritos de alegría que expresamos, hubo unos segundos de silencio y asombro; los argentinos que se encontraban allí nos tiraron platos y otras cosas sobre nuestras cabezas y salimos rajando para evitar mayores agresiones. No les faltó razón, estábamos en su país, en su ciudad, y por lo menos debíamos de haber guardado silencio frente a esta derrota.
Kirchner, estudiaba derecho en la facultad de Humanidades, donde también estudiaban otros peruanos, como Hugo Galarza, Jorge Carpio y Arturo Urmeneta (uno de los desaparecidos). El se incorporo a la Juventud Universitaria Peronista, se convenció que ese era el camino para una revolución en ciernes, allí empezó su carrera política. Aunque a su regreso y en su tercer gobierno Perón ya había cambiado su línea política, a su muerte, en 1974, el peronismo acentuó su división en un ala derecha y una revolucionaria, eso fue una de las causas de toda la negra historia que vivió el país con más de 30,000 muertos y desaparecidos. En 1976 abandonamos la Argentina y llegamos a Chimbote, ese mismo año Kirchner se regresó a Río Gallegos e inició una carrera profesional y política que no terminó hasta llegar a la presidencia de su país, de UNASUR, y protagonizar cambios importantes y polémicos que empiezan a ser reconocidos a partir de su intempestiva partida que nos ha motivado a escribir estas reflexiones.
(*) Publicado en La Industria de Chimbote, 01-11-10
Contiene material relacionado con la medicina, la educación y la literatura
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lunes, 1 de noviembre de 2010
miércoles, 9 de junio de 2010
REQUIEM PARA UN HERMANO: CESAR HEREDIA DEMIS
Por: Marco Cueva Benavides (*)
No se como empezar estos recuerdos, tal vez desde el principio, desde cuando nos conocimos en el año 65 en La Plata, donde el “exilio” nos hizo hermanos y después de tantos años trajimos lo mejor que pudimos, no un título que finalmente pudo estar lleno de vanidades, sino los valores que cultivamos, la amistad, la hermandad, la solidaridad, y una vocación de servicio por los mas necesitados de nuestro pueblo.
Nuestro paso por la Argentina estuvo dedicado a servir a nuestros compatriotas y estudiantes. Son parte de todo ello, el Centro de Estudiantes Peruanos, la agrupación AMAUTA, el grupo de Teatro Javier Heraud, donde actuabas, el CEM (Centro de Estudiantes Medicina), la FUA (Federación Universitaria Argentina) y tantas entrañables organizaciones y amigos que compartieron todos esos años de alegrías, de luchas, y también todas esas noches que oscurecieron la historia gaucha. Me olvidaré de muchos nombres, pero recuerdo algunos: Raúl Calle, Samuel Agama, Elard Barrionuevo, Jorge Baca, Pedrito Mera, Piri, el petiso Gavidia, Oqui Miranda, Moscol, Infantes, Garay, el loco Arturo y tantos otros. Fue la mejor parte de nuestras vidas con la cual tenemos una deuda, y una parte de ella te comprometiste a escribirla, y tendré que cumplir antes de ir a reunirme contigo Cesar en algún lugar del firmamento
Aunque te recibiste el 14 de abril del 75, y yo el 25 de junio del mismo año, me vine antes a Perú, ya que las cosas se pusieron feas. Creo que siempre viviste en el filo de la navaja, como cuando mataron a la italiana de tu pensión porque se negó a abrir la puerta cuando te buscaban y ya te habías regresado recientemente a Perú. La noticia te dolió en el alma y te vi sufrir duro porque te sentías culpable.
Tantos recuerdos, tal vez como este que relato en mi cuento “Los días de la anfetamina”. Habíamos estado preparando junto contigo y el flaco Quiroz, el examen final de Clínica, lo hacíamos en tu casa de la calle 67, entre 4 y 5. Esa tarde el flaco nos dijo que tenia que hacer y suspendimos el estudio Para que no me de la “pena negra” (que era la “depre que nos agarraba por periodos) me fui por la tarde al Cine Belgrano en la diagonal 80, daban 3 películas continuadas. Cuando terminó la primera, y prendieron las luces del cine, al toque te identifique negrito Heredia que estabas en la fila de adelante, al flaco Carlos en la fila de atrás. Nos hemos reído a carcajadas y finalmente como sucedía siempre, aburridos de tanto estudiar coincidimos en hacer un relax dentro del cine.
Mucho hablábamos de tu tierra ayacuchana, de tu pueblo natal Puquio, donde naciste un 28 de octubre y que tenia interés de conocerlo porque era la tierra que relata Arguedas en su “Yawar Fiesta”. La vida y obra de Arguedas fue para nosotros salvación, quería hacer mi tesis sobre ese tema y para ti representó eso que fuiste después. Mientras yo desde niño quería ser cura y después psiquiatra, no pude, me hice pediatra y finalmente, el psiquiatra fuiste tú, aunque decías que después de todo de las tres patologías psiquiátricas: las neurosis se curan solas, y las psicosis son incurables y las esquizofrenias solo se pueden controlar. Y fuiste un de los mejores siquiatras de Chimbote, aunque no pudiste currar tu alma inquieta.
En el 76 empecé a trabajar en Chimbote, al poco tiempo me informaron que necesitaban un médico en San Jacinto, para la Posta del ex-IPSS. Te llamé a Lima y no dudaste ni un instante en venir. Así empezó tu vida en Chimbote. Después te destacaron al Hospital III de EsSalud, donde ingresé a trabajar en el 77, nos destacaron al servicio rural y viajábamos siempre a todo el valle del Santa. Posteriormente hiciste tu especialidad en el Hospital Psiquiátrico Hemilio Valdizan de Lima y compartimos todos estos años de trabajo y de un compromiso coherente con esta tierra. Recuerdo que en los primeros meses de nuestra llegada eran horas de luchas en Chimbote y conversamos que teníamos que incorporarnos al movimiento del pueblo chimbotano, contactamos con la gente de FESIDETA y luego cada uno tomó su compromiso en distintas organizaciones, pero identificados con una ideología a la que nunca hemos renunciado, nuestro sueño por un mundo de justicia, sin explotados ni explotadores.
Cuando Jorge Baca era regidor compartimos un buen tiempo contigo la atención en la Posta de Villa Maria y Tupac Amaru de El Carmen y en muchos pueblos jóvenes. Después fuiste regidor del Municipio e hiciste una ardua labor social, además ejerciste la docencia en la UPSP. Entre tantos otros cargos te nombraron Director del Hospital EsSalud de Sihuas, luego del de Huaraz, y después regresaste a una Subgerencia de EsSalud y volviste a ser el siquiatra de siempre. La campiña de Colcap te atrajo siempre y tu cese del hospital te hizo volver a ella, para soñar con tu casita de campo y tu chacrita de tomates, pero ya vez que injusto e ingrato fue el mundo contigo
Me había olvidado de muchas cosas que hiciste en tu vida, pero los días de tu velorio y de tu entierro (que coincidió con el día de la Medicina que más fue el día de la tristeza), habló tanta pero tanta gente que hicieron una recopilación de todo lo que hiciste como medico, como director, como político, como dirigente, como regidor, como docente, como persona, que será como para escribir un libro.
Pero ese libro de la vida la vivimos todos estos años con tu linda familia que habías formado y que siempre compartimos a través de nuestros hijos Carlos y Omar que viajaron a estudiar a Cochabamba y después a hacer su SERUM y su residencia en Lima.
Cesar hermano, estarás eternamente entre nosotros, entre todos los que te quisimos y apreciamos porque las buenas personas como tu: VIVEN PARA SIEMPRE.
(*) Publicado en La Industria de Chimbote y en la Revista EDECAM
No se como empezar estos recuerdos, tal vez desde el principio, desde cuando nos conocimos en el año 65 en La Plata, donde el “exilio” nos hizo hermanos y después de tantos años trajimos lo mejor que pudimos, no un título que finalmente pudo estar lleno de vanidades, sino los valores que cultivamos, la amistad, la hermandad, la solidaridad, y una vocación de servicio por los mas necesitados de nuestro pueblo.
Nuestro paso por la Argentina estuvo dedicado a servir a nuestros compatriotas y estudiantes. Son parte de todo ello, el Centro de Estudiantes Peruanos, la agrupación AMAUTA, el grupo de Teatro Javier Heraud, donde actuabas, el CEM (Centro de Estudiantes Medicina), la FUA (Federación Universitaria Argentina) y tantas entrañables organizaciones y amigos que compartieron todos esos años de alegrías, de luchas, y también todas esas noches que oscurecieron la historia gaucha. Me olvidaré de muchos nombres, pero recuerdo algunos: Raúl Calle, Samuel Agama, Elard Barrionuevo, Jorge Baca, Pedrito Mera, Piri, el petiso Gavidia, Oqui Miranda, Moscol, Infantes, Garay, el loco Arturo y tantos otros. Fue la mejor parte de nuestras vidas con la cual tenemos una deuda, y una parte de ella te comprometiste a escribirla, y tendré que cumplir antes de ir a reunirme contigo Cesar en algún lugar del firmamento
Aunque te recibiste el 14 de abril del 75, y yo el 25 de junio del mismo año, me vine antes a Perú, ya que las cosas se pusieron feas. Creo que siempre viviste en el filo de la navaja, como cuando mataron a la italiana de tu pensión porque se negó a abrir la puerta cuando te buscaban y ya te habías regresado recientemente a Perú. La noticia te dolió en el alma y te vi sufrir duro porque te sentías culpable.
Tantos recuerdos, tal vez como este que relato en mi cuento “Los días de la anfetamina”. Habíamos estado preparando junto contigo y el flaco Quiroz, el examen final de Clínica, lo hacíamos en tu casa de la calle 67, entre 4 y 5. Esa tarde el flaco nos dijo que tenia que hacer y suspendimos el estudio Para que no me de la “pena negra” (que era la “depre que nos agarraba por periodos) me fui por la tarde al Cine Belgrano en la diagonal 80, daban 3 películas continuadas. Cuando terminó la primera, y prendieron las luces del cine, al toque te identifique negrito Heredia que estabas en la fila de adelante, al flaco Carlos en la fila de atrás. Nos hemos reído a carcajadas y finalmente como sucedía siempre, aburridos de tanto estudiar coincidimos en hacer un relax dentro del cine.
Mucho hablábamos de tu tierra ayacuchana, de tu pueblo natal Puquio, donde naciste un 28 de octubre y que tenia interés de conocerlo porque era la tierra que relata Arguedas en su “Yawar Fiesta”. La vida y obra de Arguedas fue para nosotros salvación, quería hacer mi tesis sobre ese tema y para ti representó eso que fuiste después. Mientras yo desde niño quería ser cura y después psiquiatra, no pude, me hice pediatra y finalmente, el psiquiatra fuiste tú, aunque decías que después de todo de las tres patologías psiquiátricas: las neurosis se curan solas, y las psicosis son incurables y las esquizofrenias solo se pueden controlar. Y fuiste un de los mejores siquiatras de Chimbote, aunque no pudiste currar tu alma inquieta.
En el 76 empecé a trabajar en Chimbote, al poco tiempo me informaron que necesitaban un médico en San Jacinto, para la Posta del ex-IPSS. Te llamé a Lima y no dudaste ni un instante en venir. Así empezó tu vida en Chimbote. Después te destacaron al Hospital III de EsSalud, donde ingresé a trabajar en el 77, nos destacaron al servicio rural y viajábamos siempre a todo el valle del Santa. Posteriormente hiciste tu especialidad en el Hospital Psiquiátrico Hemilio Valdizan de Lima y compartimos todos estos años de trabajo y de un compromiso coherente con esta tierra. Recuerdo que en los primeros meses de nuestra llegada eran horas de luchas en Chimbote y conversamos que teníamos que incorporarnos al movimiento del pueblo chimbotano, contactamos con la gente de FESIDETA y luego cada uno tomó su compromiso en distintas organizaciones, pero identificados con una ideología a la que nunca hemos renunciado, nuestro sueño por un mundo de justicia, sin explotados ni explotadores.
Cuando Jorge Baca era regidor compartimos un buen tiempo contigo la atención en la Posta de Villa Maria y Tupac Amaru de El Carmen y en muchos pueblos jóvenes. Después fuiste regidor del Municipio e hiciste una ardua labor social, además ejerciste la docencia en la UPSP. Entre tantos otros cargos te nombraron Director del Hospital EsSalud de Sihuas, luego del de Huaraz, y después regresaste a una Subgerencia de EsSalud y volviste a ser el siquiatra de siempre. La campiña de Colcap te atrajo siempre y tu cese del hospital te hizo volver a ella, para soñar con tu casita de campo y tu chacrita de tomates, pero ya vez que injusto e ingrato fue el mundo contigo
Me había olvidado de muchas cosas que hiciste en tu vida, pero los días de tu velorio y de tu entierro (que coincidió con el día de la Medicina que más fue el día de la tristeza), habló tanta pero tanta gente que hicieron una recopilación de todo lo que hiciste como medico, como director, como político, como dirigente, como regidor, como docente, como persona, que será como para escribir un libro.
Pero ese libro de la vida la vivimos todos estos años con tu linda familia que habías formado y que siempre compartimos a través de nuestros hijos Carlos y Omar que viajaron a estudiar a Cochabamba y después a hacer su SERUM y su residencia en Lima.
Cesar hermano, estarás eternamente entre nosotros, entre todos los que te quisimos y apreciamos porque las buenas personas como tu: VIVEN PARA SIEMPRE.
(*) Publicado en La Industria de Chimbote y en la Revista EDECAM
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